
Hollywood está lleno de glamour, pero también de estrés y presión mediática. Para Amanda Seyfried, la protagonista de éxitos como 'Mamma Mia!' y 'Mean Girls', ese mundo dejó de ser el ideal. Hace casi una década, tomó una decisión que sorprendió a muchos: dejó la ciudad y se mudó a una granja en el norte del estado de Nueva York, en busca de paz, privacidad y un entorno más equilibrado.

“Quedarme aquí fue la mejor decisión por la privacidad, la paz y la naturaleza”, confesó en una entrevista reciente. Para Seyfried, el campo representa más que un lugar de residencia; es un santuario que le permite desconectarse de las demandas del espectáculo y centrarse en lo esencial. Este cambio, alejado de las tendencias superficiales, se ha convertido en un ancla emocional que no solo mejora su salud mental, sino que también le da un propósito más profundo en la vida.
La granja no solo es un refugio para la actriz, sino también el hogar perfecto para criar a sus hijos, Nina y Thomas, fruto de su matrimonio con el actor Thomas Sadoski. En este entorno rural, los pequeños han aprendido valores fundamentales como la responsabilidad y el respeto por los seres vivos. “Puedo verlos aprender la importancia de cuidar de las mascotas, incluso a una edad temprana”, explicó Seyfried, quien enfatiza que estas lecciones son invaluables para su desarrollo.

El hogar de Seyfried es también un espacio vibrante y lleno de vida gracias a los animales que lo habitan. Desde caballos y cabras hasta un perro llamado Finn, cuya curiosa amistad con un pato ha captado la atención de sus seguidores en redes sociales, los animales son parte fundamental de la familia. Para la actriz, cuidar de ellos es una experiencia que la conecta con la naturaleza y le proporciona alegría.
Este estilo de vida ha inspirado a otras celebridades a replantearse el ritmo frenético de la fama. Cada vez más actores optan por entornos rurales para equilibrar sus carreras y su bienestar emocional. Sin embargo, Amanda Seyfried no lo hizo por moda, sino como un acto de amor propio. Hoy, entre botas llenas de barro y rutinas que incluyen alimentar a los animales, ha encontrado el equilibrio que Hollywood jamás podría ofrecer.