
En el clímax de la Cuarta Gran Guerra Ninja, Obito Uchiha se enfrenta al desafío titánico de intentar controlar por completo al Juubi, la temida bestia que reúne el chakra de los nueve Bijuus. Sin embargo, su ambicioso plan se desmorona, y varias razones contribuyen a su fracaso.
Por un lado, el Juubi no es una entidad fácil de someter. Su naturaleza caótica y su inmenso poder hacen que sea una tarea monumental para cualquier individuo. A pesar de los poderosos ojos del Rinnegan y Sharingan de Obito, la bestia poseía una voluntad propia, resistiéndose ferozmente a los intentos de sometimiento.

En segundo lugar, Naruto y Kurama, el Nueve Colas, desempeñan un papel crucial en la contienda. La conexión especial entre Naruto y Kurama permite que el joven ninja se comunique con las otras bestias, incluido el Juubi. Juntos, resisten los intentos de control de Obito y luchan contra la influencia oscura que lo envolvía.
Mientras Naruto intenta convencer de su humanidad a Obito, Sasuke, Sakura y los demás también hacen su parte. Sus esfuerzos colectivos no solo debilitaron la posición de Obito, sino que también jugaron un papel crucial en liberar al Juubi de sus garras.

El enfrentamiento entre Obito y el Juubi marcó un momento trascendental en la trama de los últimos arcos de 'Naruto Shippuden'. La lección aprendida es clara: incluso el individuo más poderoso se enfrenta a límites insuperables cuando se trata de controlar a seres de tan inmenso poder y volición propia.